Locos por la berenjena

    

A pesar de pertenecer a la familia de las solanáceas, igual que los muy americanos tomates y pimientos (morrones), las berenjenas nacieron en la India. Los árabes, inventores de casi todo, la incorporaron como propia para llevarla con ellos a España.

De allí se extendió a ambas costas del Mediterráneo, aunque parece ser Italia la primera nación europea en detectar sus virtudes. En el siglo XII ya se conocía en toda la zona de la Emilia Romagna (Norte), bien lejos de las zonas cálidas y soleadas que había sabido frecuentar.

Nutricionalmente, la berenjena aporta un alto contenido de fibras que ayudan a un buen funcionamiento intestinal, en especial si se la come con su piel. Tiene pocas calorías y bajo contenido en sodio.

Con sólo hojear un recetario de la cocina mediterránea o de Medio Oriente, se puede comprobar la variedad de platos que con ella se preparan. Desde la mousaka griega o el babaganoush (puré de berenjenas) de las cocinas mezzo orientales, la Caponata italiana o en especiados platos de la cocina de la India, la berenjena aporta textura y color para seducir hasta los paladares más escépticos.

A la hora de comprar fíjese que el pedúnculo sea verde y pinchudo. La piel debe ser tersa y brillante y la consistencia firme y turgente. Las semillas siempre deben ser blancas.

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